viernes, 30 de noviembre de 2007
Mañana puede ser un gran día...duro con él
Lo que viene, lo que viene...en Escrito en el Aire. Hoy tuvimos un día extraordinario. Apenas abrimos párpados nos encontramos con la publicación 23, que en su Insert Rosario, el periodista Aldo Marinozzi se explaya largo y tendido sobre nosotros, lo que nos llena de orgullo, un abrazo para él (mañana las fotos). Luego, promediando la tardecita, el amigo Osvaldo Noval nos mandó las cámaras de Cablevisión e hicimos una nota, corta pero alucinante. Más tarde nos atendió en el Centro Cultural Parque de España una rubia muy simpática que nos despejó todas las dudas para el evento de mañana. Llevamos el vino, está la promotora, contratamos las copas, reservamos el copetín, hablamos con los músicos, bue....está todo dicho. Los esperamos mañana desde las 20 (por las dudas, vengan comidos). Ropa informal, es entre amigos.
jueves, 29 de noviembre de 2007
Gracias Notiexpress


Gracias a la periodista Melina Torres por la nota en el semanario Notiexpress. La verdad, muy buena onda, gracias. La nota completa:
Escrito en el Aire
Cámara testigo
En la ciudad hay rastros y huellas que quedan en el aire, sobrevolándonos; tipografías y carteles que nos habitan y son un fragmento de nuestra cotidianeidad. Con esa premisa, Guillermo Buelga y Juan Manuel Alonso salieron a “andar” la ciudad y tomaron testimonio de esa urbe signada por letristas anónimos, tipógrafos, calígrafos y pintores. Parte de ese trabajo se puede apreciar en Escrito en el Aire, libro que se presentará el sábado a las 20 en el Centro Cultural Parque de España. “Empezamos a ver los contrastes entre la ciudad nueva y la ciudad del oficio, la otra ciudad: comenzamos a caminar y a descubrir todos esos carteles alucinantes. Con las fotografías obtenidas, definimos una estrategia pensando registros y tratando de catalogar; y fue así como quedaron los carteles. Después excluimos lo que fuera marcas y la gráfica digital y/o rotulada. Nos concentramos en gráfica y escrituras, que era más nuestra materia entendida”, afirma Buelga. El libro está dividido en capítulos según el soporte y las tipografías. Su lectura es un re-encuentro con los carteles con los que nos topamos tantas veces y un encuentro con los que nuestra mirada no se ha tropezado. “La parte de recorrido –comenta Buelga- es como el aderezo del libro, son historias que nos parecían que no podían quedar afuera”.
Un libro para que uno se vuelva paseante y salga a rastrear aquellos carteles que a nosotros también nos marcan..
Cámara testigo
En la ciudad hay rastros y huellas que quedan en el aire, sobrevolándonos; tipografías y carteles que nos habitan y son un fragmento de nuestra cotidianeidad. Con esa premisa, Guillermo Buelga y Juan Manuel Alonso salieron a “andar” la ciudad y tomaron testimonio de esa urbe signada por letristas anónimos, tipógrafos, calígrafos y pintores. Parte de ese trabajo se puede apreciar en Escrito en el Aire, libro que se presentará el sábado a las 20 en el Centro Cultural Parque de España. “Empezamos a ver los contrastes entre la ciudad nueva y la ciudad del oficio, la otra ciudad: comenzamos a caminar y a descubrir todos esos carteles alucinantes. Con las fotografías obtenidas, definimos una estrategia pensando registros y tratando de catalogar; y fue así como quedaron los carteles. Después excluimos lo que fuera marcas y la gráfica digital y/o rotulada. Nos concentramos en gráfica y escrituras, que era más nuestra materia entendida”, afirma Buelga. El libro está dividido en capítulos según el soporte y las tipografías. Su lectura es un re-encuentro con los carteles con los que nos topamos tantas veces y un encuentro con los que nuestra mirada no se ha tropezado. “La parte de recorrido –comenta Buelga- es como el aderezo del libro, son historias que nos parecían que no podían quedar afuera”.
Un libro para que uno se vuelva paseante y salga a rastrear aquellos carteles que a nosotros también nos marcan..
miércoles, 28 de noviembre de 2007
Cola interminable para conseguir un libro
Encargá el tuyo, Chávez ya lo tiene

Escrito en el Aire es cosa seria y llegó a Venezuela. Antes que se venga el quilombo, el presidente de ese país encargó un ejemplar del libro y ya lo tiene con él en su despacho. Pedí el tuyo a libros@escritoenelaire.com.ar
lunes, 26 de noviembre de 2007
Un Ciudadano ejemplar


Hoy lunes salimos en la sección Cultura del Diario El Ciudadano. Gracias Pablo Makovsky por la buena onda.
La nota completa.
Imágenes urbanas
Ciudad letrada
“Escrito en el aire”, un libro de fotos de dos diseñadores gráficos que releva tipografías de distintos recorridos de la ciudad
A mediados del siglo XVI el tipógrafo Claude Garamond rescató las viejas tipografías romanas convencido de que en esos tipos con serifs (esos palitos que sobresalen donde termina la línea de cada letra) podía refulgir algo de la historia de las tipografías usadas en un texto. Las fuentes que hoy llevan su nombre y pueden encontrarse en el listado de cualquier computadora hogareña fueron en principio un modo de reaccionar ante las páginas cargadas y floridas del medioevo y el barroco. Para los iniciados, Garamond señala un momento preciso en el que alguien se enfrentó a un texto escrito, leyó y agregó algo con su escritura misma.
Juan Manuel Alonso y Guillermo Buelga, dos diseñadores gráficos, encararon en Rosario lo que ellos llaman un relevamiento de escrituras de la ciudad a través de unas 1.500 fotografías que tomaron entre enero y abril de 2004. Trabajo por el que en muchas oportunidades fueron corridos por los dueños de los carteles retratados, que veían en estas personas armadas de una cámara a dos potenciales delatores municipales. El resultado de esas corridas es Escrito en el aire, un libro que recoge esas imágenes, textos y crónicas del trabajo, impreso por los autores a través de un subsidio obtenido tras ganar el concurso Cultura Joven 2005. El volumen se presenta el próximo sábado a las 19 en el centro cultural Parque de España (Sarmiento y el río).
Una primera mirada al proyecto podría hacer pensar en un canto de alabanza a las viejas técnicas artesanales del diseño, en la reivindicación de la “mano” del diseñador. Pero no es eso lo que interesaba a Alonso y a Buelga. “Me preguntaba –dice Alonso–: ¿nos va a gustar el logo del correo o de la telefónica dentro de 50 o 60 años? Porque creo que los nuevos carteles no van a tener la misma posibilidad de belleza que los viejos”. La belleza, eso que la escritura muestra a través de un velo, es el tema del libro.
Entonces, no se trata de ponderar las virtudes de los carteles artesanales de los años idos, sino de señalar en esos trabajos una cualidad que los diferencia de los actuales, de la “rotulación digital”, según el término que prefiere Buelga. Básicamente, Alonso señala una conciencia y unas necesidades muy distintas a la hora de realizar la publicidad de marcas y firmas de antes y del presente. “Los carteles de ahora tienen un fin tan claro e imperioso en torno a la cuestión del mercado que su atractivo no va a durar lo mismo que los otros, hechos para marcar su presencia en la cuadra”. Esta presencia, donde queda el rastro de un individuo que quiere diferenciarse y en ello reside su estrategia de mercado, es también una distancia con respecto a la urgencia de la venta, eso es lo que se escribe.
Escrito en el aire está dividido en once capítulos (Vidrio, Clubes, Neón, Pared, Pizarrón, etcétera), según el soporte y las características de las tipografías, el lugar de pertenencia y el itinerario que hicieron los compiladores para dar con algunas figuras que alcanzaron ya ese punto místico en el que su brillo se hace más intenso por la inminencia de su desaparición: “La vidriera –anota el cronista en la entrada de «de Estilo»– de una joyería ofrece unos pocos relojes y pequeños objetos de plástico o de vidrio, souvenirs, regalitos coloridos para repisa, esa miríada de cosas que acumulamos a lo largo de nuestras vidas, tan a la vez insignificantes e inolvidables, pero que en el escaparate que se ralea parecen cada vez más desvalidas”.
Alonso y Buelga reconocen que también hay en su tarea un “canto de alabanza”, pero es a un mundo menos competitivo. Porque, tal como observan: “En 60 años los diseñadores enseñaron al dueño de un comercio la importancia de armar una marca y esa misma conciencia los incapacita para producir un objeto más bello. Que pueda fundirse, mimetizarse con el paisaje, armar una trama. De modo que está el cartel y por otro lado la ciudad”.
Ciudad letrada
“Escrito en el aire”, un libro de fotos de dos diseñadores gráficos que releva tipografías de distintos recorridos de la ciudad
A mediados del siglo XVI el tipógrafo Claude Garamond rescató las viejas tipografías romanas convencido de que en esos tipos con serifs (esos palitos que sobresalen donde termina la línea de cada letra) podía refulgir algo de la historia de las tipografías usadas en un texto. Las fuentes que hoy llevan su nombre y pueden encontrarse en el listado de cualquier computadora hogareña fueron en principio un modo de reaccionar ante las páginas cargadas y floridas del medioevo y el barroco. Para los iniciados, Garamond señala un momento preciso en el que alguien se enfrentó a un texto escrito, leyó y agregó algo con su escritura misma.
Juan Manuel Alonso y Guillermo Buelga, dos diseñadores gráficos, encararon en Rosario lo que ellos llaman un relevamiento de escrituras de la ciudad a través de unas 1.500 fotografías que tomaron entre enero y abril de 2004. Trabajo por el que en muchas oportunidades fueron corridos por los dueños de los carteles retratados, que veían en estas personas armadas de una cámara a dos potenciales delatores municipales. El resultado de esas corridas es Escrito en el aire, un libro que recoge esas imágenes, textos y crónicas del trabajo, impreso por los autores a través de un subsidio obtenido tras ganar el concurso Cultura Joven 2005. El volumen se presenta el próximo sábado a las 19 en el centro cultural Parque de España (Sarmiento y el río).
Una primera mirada al proyecto podría hacer pensar en un canto de alabanza a las viejas técnicas artesanales del diseño, en la reivindicación de la “mano” del diseñador. Pero no es eso lo que interesaba a Alonso y a Buelga. “Me preguntaba –dice Alonso–: ¿nos va a gustar el logo del correo o de la telefónica dentro de 50 o 60 años? Porque creo que los nuevos carteles no van a tener la misma posibilidad de belleza que los viejos”. La belleza, eso que la escritura muestra a través de un velo, es el tema del libro.
Entonces, no se trata de ponderar las virtudes de los carteles artesanales de los años idos, sino de señalar en esos trabajos una cualidad que los diferencia de los actuales, de la “rotulación digital”, según el término que prefiere Buelga. Básicamente, Alonso señala una conciencia y unas necesidades muy distintas a la hora de realizar la publicidad de marcas y firmas de antes y del presente. “Los carteles de ahora tienen un fin tan claro e imperioso en torno a la cuestión del mercado que su atractivo no va a durar lo mismo que los otros, hechos para marcar su presencia en la cuadra”. Esta presencia, donde queda el rastro de un individuo que quiere diferenciarse y en ello reside su estrategia de mercado, es también una distancia con respecto a la urgencia de la venta, eso es lo que se escribe.
Escrito en el aire está dividido en once capítulos (Vidrio, Clubes, Neón, Pared, Pizarrón, etcétera), según el soporte y las características de las tipografías, el lugar de pertenencia y el itinerario que hicieron los compiladores para dar con algunas figuras que alcanzaron ya ese punto místico en el que su brillo se hace más intenso por la inminencia de su desaparición: “La vidriera –anota el cronista en la entrada de «de Estilo»– de una joyería ofrece unos pocos relojes y pequeños objetos de plástico o de vidrio, souvenirs, regalitos coloridos para repisa, esa miríada de cosas que acumulamos a lo largo de nuestras vidas, tan a la vez insignificantes e inolvidables, pero que en el escaparate que se ralea parecen cada vez más desvalidas”.
Alonso y Buelga reconocen que también hay en su tarea un “canto de alabanza”, pero es a un mundo menos competitivo. Porque, tal como observan: “En 60 años los diseñadores enseñaron al dueño de un comercio la importancia de armar una marca y esa misma conciencia los incapacita para producir un objeto más bello. Que pueda fundirse, mimetizarse con el paisaje, armar una trama. De modo que está el cartel y por otro lado la ciudad”.
Es una Señal


Gracias a Lizzi Smile por la contratapa de Señales del domingo pasado, un beso grande.
La nota completa
Gráfica] - imágenes y letreros de Rosario
La ciudad en retirada
Juan Manuel Alonso y Guillermo Buelga presentan una notable investigación sobre carteles callejeros
A primera vista Escrito en el Aire es un libro sobre carteles. De chapa, vidrio, neón, en la pared, con estilo, en el pizarrón o con volumen. Pero a medida que se avanza en el entramado de imágenes y textos otra visión conmueve, la de la ciudad en retirada. Esa de los negocios que anuncian desde un discurso social que las grandes marcas parecen tapar.Bares, pizzerías, tintorerías, clubes, talleres mecánicos, venta de huevos, repuestos, prohibiciones varias, los carteles aparecen como simpáticos personajes pero recubiertos con halo de cierto drama épico. Los autores de este libro son Juan Manuel Alonso y Guillermo Buelga y capturaron las imágenes entre febrero y junio de 2001. Ambos trabajan en gráfica y en total registraron 1.500 fotografías de las que se publicaron unas 300.“El proyecto nació como una inquietud por «catalogar» imágenes. Después hubo una etapa en que el libro era lo más firme. Pero a medida que iba creciendo, empezamos a publicarlo en varios lugares y de formas diferentes. En páginas web, revistas, muestras”, explica Buelga. A lo que Alonso suma: “La sucesión de fotos, al menos como posibilidad, se vuelve panorámica; esto recompone, esperamos, aquella sensación extendida en el paisaje, una sensación que no depende de un objeto en particular sino que se arma en la acumulación”.Sin dudas descubrir de qué hablan los carteles se torna un desafío interesante. “Ese es el tema, que hablan —advierte Alonso—, y lo que dicen no es precisamente lo que está escrito en ellos. Indicar qué dicen exactamente no sería posible; en definitiva cada uno entabla con las «cosas» sus propias relaciones. Sin embargo su discurso, que refiere una notoria carencia de expectativas estratégicas, parece sugerir que su encanto reside en esa inmediatez. Como si objetos hechos sin demasiadas ansias pero también sin temores fueran más aptos para crear un diálogo en y con la ciudad”.En www.escritoenelaire.com.ar puede recrearse parte del recorrido propuesto, y, claro, empezar a dialogar con esa ciudad en retirada.Escrito en el aire se presentará el próximo 1º de diciembre, a las 20, en el Centro Cultural Parque de España (Sarmiento y el río Paraná).
viernes, 23 de noviembre de 2007
jueves, 22 de noviembre de 2007
jueves, 15 de noviembre de 2007
miércoles, 7 de noviembre de 2007
sábado, 3 de noviembre de 2007
viernes, 2 de noviembre de 2007
Es una señal

Gracias a la gente de Señales por nombrarnos en sus páginas...Aguanten, esperen, ya llegan las invitaciones y la prensa masiva.
La nota dice:
[revistas] - Transatlántico El periódico del Parque España
“La ciudad, de algún modo, la conocía un poco. Sin haberla pisado nunca, sin recordar demasiado las películas con ambiente barcelonés, tampoco. Un motivo era claro: vi sobre todo sudacas, empezando por mi hermano, y siguiendo con una serie de amigos que viven allí. (...) Pero inevitablemente no es sólo eso: es la ciudad. ¿Cómo decirlo? Tiene algo rioplatense y, diré más, litoraleño. Digamos la palabra por fin: algo de Rosario. Pero agrego en seguida: algo de porteño también”, dice Elvio E. Gandolfo, en “Barcelona de paso” una crónica que publica el segundo número de Transatlántico, la nueva revista del Centro Cultural Parque de España.La revista se abre con “El listado de 1990 y otras notas rosarinas”, de Juan Manuel Alonso, y fotografías de Alonso y Guillermo Buelga, e incluye además artículos de Rafael Cippolini sobre el curador cubano Gerardo Mosquera, de Cecilia Vallina sobre el artista Antoni Muntadas y de María Moreno en torno al género de la crónica. Además hay textos de Gabriela Saccone, Fabián Casas y Milton Hatoum, poemas de Fabio Morábito y una historieta de Max Cachimba.
martes, 30 de octubre de 2007
El primero, todos a las galerias del CCPE
No tardó ni un minuto
viernes, 26 de octubre de 2007
lunes, 22 de octubre de 2007
sábado, 20 de octubre de 2007
miércoles, 17 de octubre de 2007
Prensa / Lo nuestro es Atypico

El número 13 de Atypica, pituca revista rosarina, estaba dedicado a lo prohibido. Su editorial de turno decía: “Las prohibiciones, sean políticas o no, nos producen urticaria. Además, no podemos aceptarlas, en ocasiones, sin ningún motivo concreto sino sólo por combatir la imposición, a la que nunca nos terminamos de acostumbrar. No sabemos si fue por influencia de la temática y su muletilla “prohibido prohibir” o simple coincidencia que justo elegimos este título para el número 13...”. “Atypica alardea de un caprichoso escepticismo, así que tomó la numerología con soda, adoptó un gato negro de mascota y sale a la calle con este número prohibido rebelándose contra las supertisciones. Prestale menos atención a las pavadas y quédate del lado de las cosas buenas”.
Ya adentro de la revista, en la nota dedicada a nuestras fotos se leía lo siguiente:
Revista Atypica n° 13
Carteles violentos
Dos diseñadores rosarinos muestran en Atypica parte de su colección de gráfica callejera, en un paseo por las distintas formas de prohibir urbano.
Cada vez que alguien prohibe algo, ejercita de alguna forma la violencia. Cuando se pronuncia la palabra”prohibido” en alguna frase, por más intención que se tenga de evitar el choque, hay un contenido violento detrás, el de la cosa impuesta, más allá del tono de voz o de las oraciones que la acompañen. Esto es más evidente aún al recorrer las fotos que los diseñadores gráficos Guillermo Buelga y Juan Manuel Alonso tomaron de distintos carteles que vetan la realización de distintas acciones.
Hace algunos años, en épocas de vacas flacas, estos dos rosarinos empezaron una colección de gráfica callejera que llegó a las 1.500 imágenes. El objetivo principal era perseguir esas expresiones gráficas, tipográficas especificamente, que hablan de una época y de una generación que valoran que y que permanece en Rosario al lado del desarrollo y la modernización.
De entre esas fotos, Atypica seleccionó algunas que expresaban alguna prohibición o condicionamiento. En ellas se puede ver que por más extraño el diseño, más ridícula la disposición o más amable el texto, la palabra que empieza con “p” nos da una orden, y nuestro cerebro reacciona en respuesta a esa imposición.
En el mismo camino, desde hace seis años, los porteños Esteban Seimandi, Gastón Silberman y Machi Mendieta empezaron a coleccionar fotos de carteles en vía pública como entretenimiento, y acumularon más de 8 mil que hoy conforman el Proyecto Cartele (www.carteleonline.com) Junto a los vascos de amaste.com, tuvieron un vástago: el Proyecto Prohibido. En una mirada rápida, vas a poder sentir lo mismo: cambian las tipografías, cambian los colores y los soportes, pero el efecto es el mismo.
Ya adentro de la revista, en la nota dedicada a nuestras fotos se leía lo siguiente:
Revista Atypica n° 13
Carteles violentos
Dos diseñadores rosarinos muestran en Atypica parte de su colección de gráfica callejera, en un paseo por las distintas formas de prohibir urbano.
Cada vez que alguien prohibe algo, ejercita de alguna forma la violencia. Cuando se pronuncia la palabra”prohibido” en alguna frase, por más intención que se tenga de evitar el choque, hay un contenido violento detrás, el de la cosa impuesta, más allá del tono de voz o de las oraciones que la acompañen. Esto es más evidente aún al recorrer las fotos que los diseñadores gráficos Guillermo Buelga y Juan Manuel Alonso tomaron de distintos carteles que vetan la realización de distintas acciones.
Hace algunos años, en épocas de vacas flacas, estos dos rosarinos empezaron una colección de gráfica callejera que llegó a las 1.500 imágenes. El objetivo principal era perseguir esas expresiones gráficas, tipográficas especificamente, que hablan de una época y de una generación que valoran que y que permanece en Rosario al lado del desarrollo y la modernización.
De entre esas fotos, Atypica seleccionó algunas que expresaban alguna prohibición o condicionamiento. En ellas se puede ver que por más extraño el diseño, más ridícula la disposición o más amable el texto, la palabra que empieza con “p” nos da una orden, y nuestro cerebro reacciona en respuesta a esa imposición.
En el mismo camino, desde hace seis años, los porteños Esteban Seimandi, Gastón Silberman y Machi Mendieta empezaron a coleccionar fotos de carteles en vía pública como entretenimiento, y acumularon más de 8 mil que hoy conforman el Proyecto Cartele (www.carteleonline.com) Junto a los vascos de amaste.com, tuvieron un vástago: el Proyecto Prohibido. En una mirada rápida, vas a poder sentir lo mismo: cambian las tipografías, cambian los colores y los soportes, pero el efecto es el mismo.
Nosotros también somos Populares

Hace un tiempo, navegando, descubrimos un sitio muy interesante lleno de gente linda: Popular de Lujo (www.populardelujo.com). Ellos definen el proyecto: “Populardelujo es un proyecto interminado, interminable, empírico y mutante que tiene a la ciudad de Bogotá como principal objeto de trabajo. Partiendo de la convicción de que la gráfica callejera es una excelente fuente a la hora de describir la manera de ser de una sociedad, el proyecto comienza por registrar la Bogotá gráfica de los paisajes callejeros y se expande hasta convertirse en un proyecto dedicado a la revisión, discusión y celebración de las múltiples expresiones de la Bogotá común y corriente”. Si así lo ven ellos, es porque es así.
Nosotros también somos parte de Popular (http://www.populardelujo.com/otroslares/rosario.htm)
En un lindo texto, la reseñadora Ángela Ramírez nos ve así:
Rosario, Argentina
Fotografías de Guillermo Buelga y Juan Manuel Alonso
Rosario queda en América del Sur. En el corazón de la República Argentina. Al sur de la Provincia de Santa Fe. A orillas del Río Paraná. Es el centro estratégico del MERCOSUR. Es una de las regiones más fértiles de cultivo en el mundo. A 300 kms., al noroeste de la capital, Buenos Aires. Su nombre es un nombre argentino emblemático así como Mendoza, Corrientes o el Verano Porteño de Piazzola. De hecho es considerada una de las cunas del tango y también la cuna de la bandera argentina. Además, Rosario es capital de la lengua española por haber sido sede en el 2004 del III Congreso de la Lengua Española.
Rosario es una ciudad en desarrollo creciente. Las fotos que se encuentran en internet muestran las alamedas y paseos peatonales, monumentos y edificios estilo europeo y el puente Rosario-Victoria, algo así como el Golden Gate o el puente de Brooklyn rosarino. Sin embargo, como pasa en muchas ciudades latinoamericanas, en Rosario lo moderno convive con lo de antes, y lo de antes tiene el encanto de la permanencia y también el de la escasez. Al lado de las empresas papeleras, madereras y textileras de la nueva era rosarina, conviven pequeños negocios que no han cambiado la fachada desde hace treinta años; conservan el mismo rótulo o anuncio hecho por su propietario y no sucumben a la tentación del plotter y la impresión digital de algunos de sus vecinos.
La selección de fotos que presentamos a continuación muestra a la Rosario de antaño en los rótulos de negocios, menús de restaurante y escudos de clubes sociales en los que todavía se reúnen amigos de siempre y familias enteras a “comer asado”, jugar “bochas” (una especie de tejo) y practicar deportes amateur (fútbol, natación). Estas fotos dejan ver la vida barrial de Rosario antes de que llegaran los avances urbanísticos, el amor de los dueños por sus pequeños negocios y una especie de nostalgia por lo que está lentamente desapareciendo. Esto no quiere decir que todo tiempo pasado fue mejor, simplemente todo tiemo pasado es diferente y se hace extrañar cuando empieza a quedarse atrás.
Estas fotos fueron tomadas por Guillermo Buelga y Juan Manuel Alonso, dos rosarinos enamorados de la gráfica callejera que en una época cesante de sus vidas echaron a andar esta colección que comenzó con 1400 fotos. El objetivo principal era perseguir esas expresiones gráficas, tipográficas específicamente, que hablan de una época y de una generación que valoran y que permanece en Rosario al lado del desarrollo y la modernización.
angram21@hotmail.com
Nosotros también somos parte de Popular (http://www.populardelujo.com/otroslares/rosario.htm)
En un lindo texto, la reseñadora Ángela Ramírez nos ve así:
Rosario, Argentina
Fotografías de Guillermo Buelga y Juan Manuel Alonso
Rosario queda en América del Sur. En el corazón de la República Argentina. Al sur de la Provincia de Santa Fe. A orillas del Río Paraná. Es el centro estratégico del MERCOSUR. Es una de las regiones más fértiles de cultivo en el mundo. A 300 kms., al noroeste de la capital, Buenos Aires. Su nombre es un nombre argentino emblemático así como Mendoza, Corrientes o el Verano Porteño de Piazzola. De hecho es considerada una de las cunas del tango y también la cuna de la bandera argentina. Además, Rosario es capital de la lengua española por haber sido sede en el 2004 del III Congreso de la Lengua Española.
Rosario es una ciudad en desarrollo creciente. Las fotos que se encuentran en internet muestran las alamedas y paseos peatonales, monumentos y edificios estilo europeo y el puente Rosario-Victoria, algo así como el Golden Gate o el puente de Brooklyn rosarino. Sin embargo, como pasa en muchas ciudades latinoamericanas, en Rosario lo moderno convive con lo de antes, y lo de antes tiene el encanto de la permanencia y también el de la escasez. Al lado de las empresas papeleras, madereras y textileras de la nueva era rosarina, conviven pequeños negocios que no han cambiado la fachada desde hace treinta años; conservan el mismo rótulo o anuncio hecho por su propietario y no sucumben a la tentación del plotter y la impresión digital de algunos de sus vecinos.
La selección de fotos que presentamos a continuación muestra a la Rosario de antaño en los rótulos de negocios, menús de restaurante y escudos de clubes sociales en los que todavía se reúnen amigos de siempre y familias enteras a “comer asado”, jugar “bochas” (una especie de tejo) y practicar deportes amateur (fútbol, natación). Estas fotos dejan ver la vida barrial de Rosario antes de que llegaran los avances urbanísticos, el amor de los dueños por sus pequeños negocios y una especie de nostalgia por lo que está lentamente desapareciendo. Esto no quiere decir que todo tiempo pasado fue mejor, simplemente todo tiemo pasado es diferente y se hace extrañar cuando empieza a quedarse atrás.
Estas fotos fueron tomadas por Guillermo Buelga y Juan Manuel Alonso, dos rosarinos enamorados de la gráfica callejera que en una época cesante de sus vidas echaron a andar esta colección que comenzó con 1400 fotos. El objetivo principal era perseguir esas expresiones gráficas, tipográficas específicamente, que hablan de una época y de una generación que valoran y que permanece en Rosario al lado del desarrollo y la modernización.
angram21@hotmail.com
jueves, 11 de octubre de 2007
Ganamos el Subsidio Cultura Joven 2005

Salimos en El Ciudadano, fue durante la entrega de los subsidios (el de la foto soy yo, Guille)
Cultura Joven 2005.
Subsidio
Premios del concurso Subsidio 2005 Cultura Joven.
www.rosario.gov.ar
Ha sido destinado a proyectos de desarrollo cultural impulsados por jóvenes de entre 18 y 35 años. La nómina de los proyectos premiados con $ 5.000 cada uno, en el marco de esta convocatoria es la siguiente:
- Seminario Clínica - Taller de Grabado en el "Taller de Alfredo de Vincenzo", presentado por Magdalena Hergert- Proyecto de Protagonismo Cultural “Dime qué haces y te diré quién eres”, presentado por Ariel Mamani- Proyecto “Escrito en el aire”, presentado por Guillermo Germán Buelga- Proyecto Fotográfico “Imágenes de identidad”, presentado por María Laura Díaz- Perfeccionamiento Técnico y Musical en Percusión, bajo la guía del profesor Aníbal Borzone, presentado por Laura Alarcón- Proyecto "Jugar con Títeres", presentado por María Cecilia Peralta- Proyecto "Capacitación y transmisión de ritmos brasileros", presentado por Horacio Romero- Proyecto “Los símbolos de lo cotidiano”, presentado por Maria Pilar Sequeira; Proyecto “Historias escritas con minúscula”, presentado por María Cruz Ciarniello- Proyecto “¿Qué te contás?”, presentado por Anahí Macaroff Lencina.
lunes, 8 de octubre de 2007
Nos sumamos al proyecto El Cartelón del CEC

El 22/04/06 recibimos la noticia de la curadora del proyecto Andrea Ostera interesada en que nos sumemos al proyecto del mes de mayo con algunas de las fotos de Escrito en el aire. Nos encantó la idea y no dudamos en mandar el material.
Info
El CEC (Centro de Expresiones Contemporáneas) convoca a fotógrafos emergentes rosarinos a participar de los proyectos El tarjetón (agenda mensual) y CEC virtual (sitio web), dos espacios no tradicionales de exposición. La experiencia, comenzada en julio del 2005, pretende favorecer la circulación de imágenes, a través de la impresión de tarjetas, y la instalación de fotografías en formato backlight en el hall de ingreso al CEC, sumando ahora nuestro nuevo desarrollo web. Curadora de las muestras Andrea Ostera.
La muestra


Escrito en el aire
Carteles y gráfica urbana
Del 14 al 24 de julio / de 16 a 19 hs.
Inaugura: Jueves 14 / 20 hs.
Guillermo Buelga y Juan Manuel Alonso.
Escrituras, caligrafía de la ciudad. El estado de las cosas a través de palabras que sobrevuelan, instalándose, el espacio público. Escritura artesanal, oficio, técnicas en desuso se conjugan para demarcar una zona de belleza amenazada. Preguntas por aciertos y derivas del universo tipográfico.
Carteles y gráfica urbana
Del 14 al 24 de julio / de 16 a 19 hs.
Inaugura: Jueves 14 / 20 hs.
Guillermo Buelga y Juan Manuel Alonso.
Escrituras, caligrafía de la ciudad. El estado de las cosas a través de palabras que sobrevuelan, instalándose, el espacio público. Escritura artesanal, oficio, técnicas en desuso se conjugan para demarcar una zona de belleza amenazada. Preguntas por aciertos y derivas del universo tipográfico.
Nos tomamos unos vinitos, vimos las fotos y la pasamos lindo...
jueves, 4 de octubre de 2007
Doble página de El Ciudadano

Prensa.
Nota publicada en la sección Cultura el 17/12/2001 por Pablo Makovsky
GRÁFICA URBANA. Dos diseñadores relevaron a través de fotos la belleza de los carteles que borró el mercado.
Formas del diseño que se escribieron en el tiempo P:M: Una vez al día, durante su peregrinación por el desierto, Moisés reunía a su gente alrededor de las Tablas de la Ley y, según informa la tradición, los más devotos se contentaban con tocar las letras recortadas en la piedra. Este pequeño relato le da pie a Ernst Jünger para postular que la escritura es también un trato con la materia, que en la letra escrita siempre toma cuerpo algo de esa realidad que excede el enunciado mismo de lo escrito y que, en palabras del escritor, se trasluce como un poder, una forma de energía. Una media docena de milenios más tarde, en Rosario, Juan Manuel Alonso y Guillermo Buelga, dos diseñadores gráficos empeñados en remontar los avatares de su oficio, encararon lo que ellos llaman un relevamiento de escrituras de la ciudad, publicitarias en su gran mayoría, a través de unas 1.500 fotografías que tomaron entre enero y abril de este año en las que retrataron todo tipo de carteles, desde los que advierten la salida de vehículos hasta los pizarrones de las verdulerías. Trabajo por el que en muchas oportunidades fueron corridos por los dueños de los carteles retratados, que veían en estas dos personas armadas de una cámara dos potenciales delatores municipales. Sí, podría pensarse en un canto de alabanza a las viejas técnicas artesanales del diseño, en la reivindicación de la “mano” del diseñador. Pero no. “Me preguntaba –dice Alonso–: ¿nos va a gustar el logo del correo o de la telefónica dentro de cincuenta o sesenta años? Porque creo que los nuevos carteles no van a tener la misma posibilidad de belleza que los viejos”. La belleza, eso que la escritura muestra a través de un velo, es acaso el tema del trabajo. No, entonces no se trata de ponderar las virtudes de los carteles artesanales de los años idos, sino de señalar en esos trabajos una cualidad que los diferencia de los actuales, de la “rotulación digital”, según Buelga. Básicamente, Alonso señala una conciencia y unas necesidades muy distintas a la hora de realizar la publicidad de marcas y firmas de antes y del presente. “Los carteles de ahora tienen un fin tan claro e imperioso en torno a la cuestión del mercado que su atractivo no va a durar lo mismo que los otros, hechos para marcar su presencia en la cuadra”. Esta presencia, donde queda el rastro de un individuo que quiere diferenciarse y en ello reside su estrategia de mercado, es también una distancia de la urgencia de la venta, eso es lo que se escribe. Aunque Alonso y Buelga reconocen que también hay en su tarea una crítica a la profesionalización de su oficio: “En sesenta años los diseñadores enseñaron al dueño de un comercio la importancia de armar una marca y esa misma conciencia los incapacita para producir un objeto más bello, que pueda fundirse, mimetizarse con el paisaje, armar una trama: está el cartel por un lado y, por otro, la ciudad”. PRESUPUESTO El trabajo de relevamiento de tipografías urbanas les insumió unos 800 pesos de gastos a Juan Manuel Alonso y Guillermo Buelga, quienes ahora recorren los posibles interesados en el material para plasmarlo en una publicación que no va a resultar barata, teniendo en cuenta la cantidad de ilustraciones en color que demandará. Entre rollos de foto, nafta para moverse por todos los rincones de la ciudad durante cuatro meses, digitalización de las fotografías, lentes y accesorios de las cámaras, los diseñadores invirtieron unos 400 pesos cada uno. La Experiencia Escenas previas a la invasión amarilla en la zona oeste Juan Manuel Alonso/Guillermo Buelga —¿Y a ustedes quién los manda? ¿Los chinos? Vélez Sarsfield, después Junín. Pequeños supermercados atiborrados, pizarrones en la vereda, pinturas en las paredes, vidrieras repletas. —¿Y a ustedes quién los manda? ¿Los chinos? —el tipo no me ve cara de espía pero igual desconfía. —¿Quiénes son los chinos? —le pregunto. El tipo a su vez tiene cara de turco. —Van a poner un supermercado por Vélez Sarsfield y Aldao y nos están averiguando todos los precios, a quién le compramos, averiguan a los clientes. Se quieren quedar con todo. La invasión amarilla, un poco desteñida, coreanos afincados amenazando a pobres mercaderes argentinos, confiados en su impronta y su localía, temerosos por las derrotas continuas. A medida que avanzamos el cantito regresa como una letanía ¿Quién los manda, los chinos? Una psicosis de barrio apuntalada por los reveses y las cuentas en rojo. Escobillones, veneno para hormigas, regaderas, todo colgado desde unas vigas de madera, el decorado de una ferretería. Una viejita encorvada, amparada detrás del mostrador al fondo del pasillo me hace la pregunta repetida, se niega a que fotografiemos el cartel que sobrevuela el toldo de lona y luego asegura “nos están vigilando con satélites los chinos”. En la carnicería son más optimistas “Sobreviviremos”, dicen sonrientes. Las Tipografías Una clasificación de convenciones casi secretas que proliferaron por la ciudad “Raras”. Los azulejos originales han ido cediendo y fueron reemplazados por ocasionales parches del mismo material pero de distinto color. La necesidad diseñó un anecdótico logo que escapa a toda institucionalidad. Necesidad y diseño, a veces vale la pena. En su relevamiento fotográfico de tipografías urbanas, Juan Manuel Alonso y Guillermo Buelga agruparon las imágenes en categorías que están en relación con los soportes que contienen las escrituras. Las fotografías, prescindiendo de una clasificación conceptual, rescatan los aspectos técnicos de la hechura de las tipografías. Así, las diferentes zonas se llaman “Letras en 3 dimensiones”: los pesados, tangibles y volumétricos tipos que suponen el universo de las herrerías y las soldaduras, presentes en clubes (los pequeños, barriales, se transformaron en un lugar preciso para el hallazgo de escrituras: sus nombres y escudos en los frentes, los carteles indicativos en los interiores, sus tableros tanteadores con números móviles). También los tipos de chapa, de plástico, de neón (que se encienden y titilan). “Letras en relieve”: sobre chapa, sobre pared, sobre pizarrones (más cerca del suelo que los carteles, su increíble proliferación se refleja en las tomas como espejismos de la escritura manuscrita, tiza sobre negro, y extrañas consecuencias: una suerte de normativa entre verduleros que repiten a lo largo de toda la ciudad –puestos de acuerdo en una secreta convención– inmensos “unos” con la base ensanchada, sobre vidrio (el refugio de los estilistas del pincel, aplicada traza de los oficios). Por último, lo que Alonso y Buelga llaman, a falta de precisiones mayores, “Carteles de estilo”. Aquí no se trata de la escritura: son molduras, colores y formas que dan una resultante definida, como en los carteles de Muebles Gatti, Almacén Pompeo, Flores Iris, Bazar La Gloria o Tienda La Obrera. En un lugar aparte quedan las inclasificables y sorpresivas: las raras.
Nota publicada en la sección Cultura el 17/12/2001 por Pablo Makovsky
GRÁFICA URBANA. Dos diseñadores relevaron a través de fotos la belleza de los carteles que borró el mercado.
Formas del diseño que se escribieron en el tiempo P:M: Una vez al día, durante su peregrinación por el desierto, Moisés reunía a su gente alrededor de las Tablas de la Ley y, según informa la tradición, los más devotos se contentaban con tocar las letras recortadas en la piedra. Este pequeño relato le da pie a Ernst Jünger para postular que la escritura es también un trato con la materia, que en la letra escrita siempre toma cuerpo algo de esa realidad que excede el enunciado mismo de lo escrito y que, en palabras del escritor, se trasluce como un poder, una forma de energía. Una media docena de milenios más tarde, en Rosario, Juan Manuel Alonso y Guillermo Buelga, dos diseñadores gráficos empeñados en remontar los avatares de su oficio, encararon lo que ellos llaman un relevamiento de escrituras de la ciudad, publicitarias en su gran mayoría, a través de unas 1.500 fotografías que tomaron entre enero y abril de este año en las que retrataron todo tipo de carteles, desde los que advierten la salida de vehículos hasta los pizarrones de las verdulerías. Trabajo por el que en muchas oportunidades fueron corridos por los dueños de los carteles retratados, que veían en estas dos personas armadas de una cámara dos potenciales delatores municipales. Sí, podría pensarse en un canto de alabanza a las viejas técnicas artesanales del diseño, en la reivindicación de la “mano” del diseñador. Pero no. “Me preguntaba –dice Alonso–: ¿nos va a gustar el logo del correo o de la telefónica dentro de cincuenta o sesenta años? Porque creo que los nuevos carteles no van a tener la misma posibilidad de belleza que los viejos”. La belleza, eso que la escritura muestra a través de un velo, es acaso el tema del trabajo. No, entonces no se trata de ponderar las virtudes de los carteles artesanales de los años idos, sino de señalar en esos trabajos una cualidad que los diferencia de los actuales, de la “rotulación digital”, según Buelga. Básicamente, Alonso señala una conciencia y unas necesidades muy distintas a la hora de realizar la publicidad de marcas y firmas de antes y del presente. “Los carteles de ahora tienen un fin tan claro e imperioso en torno a la cuestión del mercado que su atractivo no va a durar lo mismo que los otros, hechos para marcar su presencia en la cuadra”. Esta presencia, donde queda el rastro de un individuo que quiere diferenciarse y en ello reside su estrategia de mercado, es también una distancia de la urgencia de la venta, eso es lo que se escribe. Aunque Alonso y Buelga reconocen que también hay en su tarea una crítica a la profesionalización de su oficio: “En sesenta años los diseñadores enseñaron al dueño de un comercio la importancia de armar una marca y esa misma conciencia los incapacita para producir un objeto más bello, que pueda fundirse, mimetizarse con el paisaje, armar una trama: está el cartel por un lado y, por otro, la ciudad”. PRESUPUESTO El trabajo de relevamiento de tipografías urbanas les insumió unos 800 pesos de gastos a Juan Manuel Alonso y Guillermo Buelga, quienes ahora recorren los posibles interesados en el material para plasmarlo en una publicación que no va a resultar barata, teniendo en cuenta la cantidad de ilustraciones en color que demandará. Entre rollos de foto, nafta para moverse por todos los rincones de la ciudad durante cuatro meses, digitalización de las fotografías, lentes y accesorios de las cámaras, los diseñadores invirtieron unos 400 pesos cada uno. La Experiencia Escenas previas a la invasión amarilla en la zona oeste Juan Manuel Alonso/Guillermo Buelga —¿Y a ustedes quién los manda? ¿Los chinos? Vélez Sarsfield, después Junín. Pequeños supermercados atiborrados, pizarrones en la vereda, pinturas en las paredes, vidrieras repletas. —¿Y a ustedes quién los manda? ¿Los chinos? —el tipo no me ve cara de espía pero igual desconfía. —¿Quiénes son los chinos? —le pregunto. El tipo a su vez tiene cara de turco. —Van a poner un supermercado por Vélez Sarsfield y Aldao y nos están averiguando todos los precios, a quién le compramos, averiguan a los clientes. Se quieren quedar con todo. La invasión amarilla, un poco desteñida, coreanos afincados amenazando a pobres mercaderes argentinos, confiados en su impronta y su localía, temerosos por las derrotas continuas. A medida que avanzamos el cantito regresa como una letanía ¿Quién los manda, los chinos? Una psicosis de barrio apuntalada por los reveses y las cuentas en rojo. Escobillones, veneno para hormigas, regaderas, todo colgado desde unas vigas de madera, el decorado de una ferretería. Una viejita encorvada, amparada detrás del mostrador al fondo del pasillo me hace la pregunta repetida, se niega a que fotografiemos el cartel que sobrevuela el toldo de lona y luego asegura “nos están vigilando con satélites los chinos”. En la carnicería son más optimistas “Sobreviviremos”, dicen sonrientes. Las Tipografías Una clasificación de convenciones casi secretas que proliferaron por la ciudad “Raras”. Los azulejos originales han ido cediendo y fueron reemplazados por ocasionales parches del mismo material pero de distinto color. La necesidad diseñó un anecdótico logo que escapa a toda institucionalidad. Necesidad y diseño, a veces vale la pena. En su relevamiento fotográfico de tipografías urbanas, Juan Manuel Alonso y Guillermo Buelga agruparon las imágenes en categorías que están en relación con los soportes que contienen las escrituras. Las fotografías, prescindiendo de una clasificación conceptual, rescatan los aspectos técnicos de la hechura de las tipografías. Así, las diferentes zonas se llaman “Letras en 3 dimensiones”: los pesados, tangibles y volumétricos tipos que suponen el universo de las herrerías y las soldaduras, presentes en clubes (los pequeños, barriales, se transformaron en un lugar preciso para el hallazgo de escrituras: sus nombres y escudos en los frentes, los carteles indicativos en los interiores, sus tableros tanteadores con números móviles). También los tipos de chapa, de plástico, de neón (que se encienden y titilan). “Letras en relieve”: sobre chapa, sobre pared, sobre pizarrones (más cerca del suelo que los carteles, su increíble proliferación se refleja en las tomas como espejismos de la escritura manuscrita, tiza sobre negro, y extrañas consecuencias: una suerte de normativa entre verduleros que repiten a lo largo de toda la ciudad –puestos de acuerdo en una secreta convención– inmensos “unos” con la base ensanchada, sobre vidrio (el refugio de los estilistas del pincel, aplicada traza de los oficios). Por último, lo que Alonso y Buelga llaman, a falta de precisiones mayores, “Carteles de estilo”. Aquí no se trata de la escritura: son molduras, colores y formas que dan una resultante definida, como en los carteles de Muebles Gatti, Almacén Pompeo, Flores Iris, Bazar La Gloria o Tienda La Obrera. En un lugar aparte quedan las inclasificables y sorpresivas: las raras.
martes, 25 de septiembre de 2007
Estuvimos en Quebranding!

El diseñador casildense Diego Giaconne (uno de los 5 profesionales de la gráfica más destacados de la última década) nos mangueó unas fotitos de "Escrito en el aire" para su libro Quebrandring!. Esta publicación, que salió a la calle en 2004 y fue editada por CommTools, presenta una "visión distinta y divertida de las marcas en situaciones no deseadas pero que forman parte del paisaje cotidiano". Dice Giaconne: "Las grandes compañías del mundo invierten fortunas en las estrategias de comunicación de sus marcas y en su imagen institucional. Pero con lo que no pueden luchar es con el paso del tiempo, los factores climatológicos o el destrozo humano".
Bueno, un orgullo formar parte de este ejemplar. Qué más decir.
Salimos en el Nº 5 de Habitat

“Escrito en el aire” es el minucioso e inédito trabajo fotográfico que los diseñadores rosarinos Guillermo Buelga y Juan Manuel Alonso realizaron en el año 2001 sobre el panorama de cartelería antigua de la ciudad y publicidad comercial casera e informal de la vía pública. Firmas, y no marcas, tal como ellos aclaran. Es que la firma es, por ejemplo, el nombre de cualquier negocio que procura destacarse en medio del caótico mosaico de carteles urbanos que acribillan el espacio común, La marca, en cambio es un producto, concebido para la repetición. El proyecto es una edición de 803 fotos (sobre un total de 1600 tomas) que recibió el premio Cultura Joven de la Secretaria de Cultura de la Municipalidad de Rosario, a partir del cual, dicho trabajo será plasmado en forma de libro.
Buelga y Alonso se propusieron con esto “relevar las diferentes escrituras presentes en Rosario, excluyendo marcas y rotulaciones digitales”.
Relieves varios, letras de chapas errumbrosas, garabateadas en tiza sobre pizarra, pintadas sobre un vidrio, en neón, sobre plástico…La ciudad que habla en silencio y desde el tiempo. Sobrevivir al plotter y a la topografía moderna de la publicidad callejera.
Otro capítulo del proyecto repara en la entrañable y singular grafía que enviste a los clubes de barrio. Es todo un homenaje.Y también, un llamado a la reflexión acerca de esos valores.
El proyecto “Escrito en el aire”, empezó como una colección de piezas gráficas, curiosas, que atrajeron a estos dos jóvenes profesionales rosarinos y derivó en este relevamiento de escrituras urbanas. Sus autores explican: “Hay otro diseño que no conocemos -y está claro que no hablamos solamente de las muestras, entre comillas populares-. Es posible que su acción realmente provenga desde un profesionalismo sin profesión, sin marketing, sin tendencias, capaz de establecer un intenso vinculo con el resto de los objetos que se superponen en el ambiente”. Es probable.
Buelga y Alonso se propusieron con esto “relevar las diferentes escrituras presentes en Rosario, excluyendo marcas y rotulaciones digitales”.
Relieves varios, letras de chapas errumbrosas, garabateadas en tiza sobre pizarra, pintadas sobre un vidrio, en neón, sobre plástico…La ciudad que habla en silencio y desde el tiempo. Sobrevivir al plotter y a la topografía moderna de la publicidad callejera.
Otro capítulo del proyecto repara en la entrañable y singular grafía que enviste a los clubes de barrio. Es todo un homenaje.Y también, un llamado a la reflexión acerca de esos valores.
El proyecto “Escrito en el aire”, empezó como una colección de piezas gráficas, curiosas, que atrajeron a estos dos jóvenes profesionales rosarinos y derivó en este relevamiento de escrituras urbanas. Sus autores explican: “Hay otro diseño que no conocemos -y está claro que no hablamos solamente de las muestras, entre comillas populares-. Es posible que su acción realmente provenga desde un profesionalismo sin profesión, sin marketing, sin tendencias, capaz de establecer un intenso vinculo con el resto de los objetos que se superponen en el ambiente”. Es probable.
jueves, 20 de septiembre de 2007
También hicimos la Muestra

CENTRO DE EXPRESIONES CONTEMPORÁNEAS
Escrito en el aire
Carteles y gráfica urbana
Del 14 al 24 de julio de 2005 / de 16 a 19 hs.
Inaugura: Jueves 14 / 20 hs.
Guillermo Buelga y Juan Manuel Alonso.
Escrituras, caligrafía de la ciudad. El estado de las cosas a través de palabras que sobrevuelan, instalándose, el espacio público. Escritura artesanal, oficio, técnicas en desuso se conjugan para demarcar una zona de belleza amenazada. Preguntas por aciertos y derivas del universo tipográfico.
Escrito en el aire
Carteles y gráfica urbana
Del 14 al 24 de julio de 2005 / de 16 a 19 hs.
Inaugura: Jueves 14 / 20 hs.
Guillermo Buelga y Juan Manuel Alonso.
Escrituras, caligrafía de la ciudad. El estado de las cosas a través de palabras que sobrevuelan, instalándose, el espacio público. Escritura artesanal, oficio, técnicas en desuso se conjugan para demarcar una zona de belleza amenazada. Preguntas por aciertos y derivas del universo tipográfico.
Prensa

NOTA REVISTA TIPOGRAFICA Nº 55
Abril / Mayo 2003
Escrito en el aire
Guillermo Buelga y Juan Manuel Alonso
Fuera de campo. En las fotografías expuestas se presiente el rastro de lo que falta, del resto: la ciudad que se sobrepone a su ausencia, a su relegamiento, a un segundo plano restringido. Esto no se produce por un efecto o un mérito de las fotografías, sólo sucede, es una cualidad inmanente de los objetos. Pero las manifestaciones ocurren fuera del encuadre, mínimo por otra parte: entre los objetos retratados y su búsqueda. Al decidir relevar las diferentes escrituras presentes en la ciudad de Rosario se excluyeron las marcas y aquellas escrituras rotuladas digitalmente. Las marcas –animadas por otra lógica– establecen con los habitantes una relación unilateral, sólo ellas hablan. Podríamos preguntarnos acerca de las diferencias cuantitativas entre una «marca» y una «firma»: ¿cuántas veces se repiten a lo largo del paisaje? En el
caso de los nombres de los negocios, sólo una vez y en el caso de la marca, al menos cincuenta.
El modo de producción de las escrituras difiere radicalmente del utilizado en las marcas; no tanto en su aspecto técnico –aunque también en este punto– sino respecto de su concepción. Las primeras carecen de estrategia, sólo existe un objetivo inmediato: diferenciarse del cartel
de media cuadra. En el caso de las marcas la estrategia es todo y así, los objetos, muy próximos a ese discurso totalizador, quedan subordinados a la estrategia y despreocupados de su ubicación física. Es claro que los carteles, y toda la escritura urbana, constituyen un objeto visual y desde esa perspectiva deben analizarse. Los resultados de este relevamiento fotográfico plantean –desatendiendo a los emisores (los negocios o firmas que realizaron o encargaron las diversas
escrituras)– la existencia de una mutación en este tipo de objetos visuales urbanos y la adquisición, en aquellos producidos recientemente, de un lenguaje absolutamente rígido.
Lenguaje que genera un ámbito de no-diálogo con la ciudad y, en perspectiva, un reemplazo de determinadas nociones de belleza. Detrás de las palabras, el trayecto para registrarlas, más que
relevar revela una trama indeleble apenas verificable entre las diferentes caligrafías que se entrecruzan y las personas que se desplazan de una vereda a otra. Más que lineamientos tipográficos, las molduras de las letras aluden y demarcan una topografía que se con-
figura más allá o más acá del orden al que pertenecen.
Escrito en el aire
Guillermo Buelga y Juan Manuel Alonso
Fuera de campo. En las fotografías expuestas se presiente el rastro de lo que falta, del resto: la ciudad que se sobrepone a su ausencia, a su relegamiento, a un segundo plano restringido. Esto no se produce por un efecto o un mérito de las fotografías, sólo sucede, es una cualidad inmanente de los objetos. Pero las manifestaciones ocurren fuera del encuadre, mínimo por otra parte: entre los objetos retratados y su búsqueda. Al decidir relevar las diferentes escrituras presentes en la ciudad de Rosario se excluyeron las marcas y aquellas escrituras rotuladas digitalmente. Las marcas –animadas por otra lógica– establecen con los habitantes una relación unilateral, sólo ellas hablan. Podríamos preguntarnos acerca de las diferencias cuantitativas entre una «marca» y una «firma»: ¿cuántas veces se repiten a lo largo del paisaje? En el
caso de los nombres de los negocios, sólo una vez y en el caso de la marca, al menos cincuenta.
El modo de producción de las escrituras difiere radicalmente del utilizado en las marcas; no tanto en su aspecto técnico –aunque también en este punto– sino respecto de su concepción. Las primeras carecen de estrategia, sólo existe un objetivo inmediato: diferenciarse del cartel
de media cuadra. En el caso de las marcas la estrategia es todo y así, los objetos, muy próximos a ese discurso totalizador, quedan subordinados a la estrategia y despreocupados de su ubicación física. Es claro que los carteles, y toda la escritura urbana, constituyen un objeto visual y desde esa perspectiva deben analizarse. Los resultados de este relevamiento fotográfico plantean –desatendiendo a los emisores (los negocios o firmas que realizaron o encargaron las diversas
escrituras)– la existencia de una mutación en este tipo de objetos visuales urbanos y la adquisición, en aquellos producidos recientemente, de un lenguaje absolutamente rígido.
Lenguaje que genera un ámbito de no-diálogo con la ciudad y, en perspectiva, un reemplazo de determinadas nociones de belleza. Detrás de las palabras, el trayecto para registrarlas, más que
relevar revela una trama indeleble apenas verificable entre las diferentes caligrafías que se entrecruzan y las personas que se desplazan de una vereda a otra. Más que lineamientos tipográficos, las molduras de las letras aluden y demarcan una topografía que se con-
figura más allá o más acá del orden al que pertenecen.
Recuadro 1. El objetivo visual de este relevamiento fue la «escritura en la calle», un ítem demasiado amplio que se acotó a partir de algunas decisiones previas. Las tomas –alrededor de 1600 fotografías– fueron realizadas entre febrero y mayo de 2001. En una selección tentativa se eligieron 803 fotografías. Éstas se agruparon según los modos constructivos de las escrituras y sus aspectos técnicos. Así, los nombres de los grupos se clasificaron a partir de letras en tres dimensiones, en relieve, de Chapa, sobre chapa, sobre pizarrón, sobre vidrio, sobre plástico, en neón y rarezas.
Recuadro 2. Alineados a lo largo del cordón, una decena de discos de arado para asar y otros elementos de hierro se disponen sobre la vereda. Unos metros más atrás, el hombre que los construye repara un viejo tractor rojo. Se advierte la pintura deslucida, manchas negras
de aceite y otro hombre (¿el dueño del tractor?) con aspecto de hombre de campo que lo espera apoyado en el guardabarros. Estamos en la calle Mendoza y los elementos que se ofrecen a nuestra mirada pertenecen a una zona no urbana que convoca otras imágenes: tareas
agrarias, fiestas de pueblo, pisos de tierra, gallinas. También es posible que tales imágenes tampoco existan en sus lugares de origen, pero este espacio donde la ciudad se retira
las recuerda y, quizá por su carácter ajeno, con mayor fuerza. De pronto dialogamos: –Estoy
ilegal, anuncia sin rodeos. Pero igual se anima a que fotografiemos la fleca que dice «Aquí». El interlocutor agrega: –Yo sé que están mal hechos esos carteles, podría
hacerlos bien, pero si los hago bien me cae la Municipalidad. Estos carteles renuncian al diseño,
se camuflan en el paisaje y pasan a una instancia en donde la falta de estilo es una contraseña, igual que la pobreza. –Cada día nos va peor, continúa. El cartel de arriba lo tengo declarado pero el que está contra el árbol, no. Si podés no le saqués. Al término de la jornada y al esfumarse
la nitidez del día disminuyen las características de la época; entonces es posible ver una ciudad
anterior. Los carteles de la calle se encienden y la intermitencia de sus luces permite poner en escena una ciudad de nuevos significantes.
de aceite y otro hombre (¿el dueño del tractor?) con aspecto de hombre de campo que lo espera apoyado en el guardabarros. Estamos en la calle Mendoza y los elementos que se ofrecen a nuestra mirada pertenecen a una zona no urbana que convoca otras imágenes: tareas
agrarias, fiestas de pueblo, pisos de tierra, gallinas. También es posible que tales imágenes tampoco existan en sus lugares de origen, pero este espacio donde la ciudad se retira
las recuerda y, quizá por su carácter ajeno, con mayor fuerza. De pronto dialogamos: –Estoy
ilegal, anuncia sin rodeos. Pero igual se anima a que fotografiemos la fleca que dice «Aquí». El interlocutor agrega: –Yo sé que están mal hechos esos carteles, podría
hacerlos bien, pero si los hago bien me cae la Municipalidad. Estos carteles renuncian al diseño,
se camuflan en el paisaje y pasan a una instancia en donde la falta de estilo es una contraseña, igual que la pobreza. –Cada día nos va peor, continúa. El cartel de arriba lo tengo declarado pero el que está contra el árbol, no. Si podés no le saqués. Al término de la jornada y al esfumarse
la nitidez del día disminuyen las características de la época; entonces es posible ver una ciudad
anterior. Los carteles de la calle se encienden y la intermitencia de sus luces permite poner en escena una ciudad de nuevos significantes.
lunes, 10 de septiembre de 2007
Recorrido










El “Chiquitón”, un bar de Junín y República Dominicana. Cortina a tiras multicolores, interior oscuro, tres o cuatro mesas chicas, las sillas, televisor en blanco y negro, mostrador con portavasos de aluminio y los vasos bocabajo, secándose. Afuera, las paredes son bicolores: azul y blanco descascarados con rastros negros; el marco de la ventana es verde claro y los vidrios son transparentes abajo y opacos arriba (allí está pintado el nombre del bar), una cortina de tela impide el paso de la luz. Así era.Ahora, cuando pasamos, notamos que la leyenda sobre el vidrio está intacta, entonces nos detenemos y le decimos al dueño que queremos fotografiar las letras pintadas. No tiene problemas. Mientras estamos en la tarea alguien lo llama desde mitad de cuadra: “¡Chiqui!” Estamos en presencia del mismísimo Chiquitón, descubrimos. Después el tipo vuelve, hace como treinta años que tiene el bar, está contento de que lo fotografíen. El local está justo en la esquina, adentro continúa siendo chico, oscuro, con pocas mesas; pero está cambiado. El dueño pareció notar la desilusión: “No, yo lo remodelé”, dice, casi pidiendo disculpas. El mostradorcito de material había sido revestido con azulejos de colores.
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